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Instituto Cuesta Duarte – PIT – CNT

Instituto Cuesta Duarte PIT CNT

Somos una asociación civil creada en 1989 por iniciativa del PIT-CNT con el objetivo global de realizar el apoyo técnico a los trabajadores organizados en materia de formación e investigación para su mejor desempeño en la acción y en la representación de sus iguales en el marco de la lucha de clases.

¿Qué es el Instituto Cuesta-Duarte?

Somos una asociación civil, con el objetivo de apoyar técnicamente a los trabajadores organizados para su mejor desempeño en la acción y en la representación de sus iguales en el marco de la lucha de clases.

Es una asociación civil creada en 1989 por iniciativa del PIT-CNT

Su objetivo global es realizar el apoyo técnico de los trabajadores organizados para su mejor desempeño en la acción y en la representación de sus iguales en el marco de la lucha de clases.

¿Por qué Cuesta-Duarte?

El PIT-CNT ha distinguido a Gerardo Cuesta y León Duarte como mártires de la clase trabajadora uruguaya, denotando sus nombres, el aporte realizado al Movimiento Obrero desde distintas corrientes ideológicas: que con su labor han contribuido a la conformación de un sindicalismo que primero en la CNT y ahora en el PIT-CNT han afianzado su pluralismo en la lucha de los trabajadores por la democracia y la justicia social.

Historia

Orígenes

Desde el principio de su inserción en el mercado internacional, como colonia española primero y luego como país independiente, nuestro territorio tuvo como una de sus principales características la monoproducción: sus abundantes y buenas praderas naturales le aseguraron ventajas comparativas en la producción y exportación de su actividad ganadera. Su integración en el mercado internacional se realizó así como exportador de materias primas y alimentos, y como importador de productos manufactureros.

Hacia mediados del siglo XIX la gran demanda exterior y sus exigencias provocaron la paulatina introducción para el mejoramiento de las razas ganaderas de nuevas técnicas de producción que requerían de una nueva mentalidad: la vieja “estancia cimarrona” va a dar paso a la “estancia empresa capitalista”. Ésta se va a asentar sobre: la propiedad privada de la tierra, su alambramiento, introducción de nuevas razas, y la inversión extranjera, principalmente de origen inglés.

Las consecuencias sociales fueron la expulsión masiva de los pobladores del campo: simples ocupantes, medianeros, peones y agregados, cuyo trabajo ya no era necesario en la nueva forma de producción capitalista. El destino de estas masas campesinas fue el de ser fundadores de lo que se dio en llamar los “pueblos de ratas”: irse a los centros poblados ya existentes y sumarse a su fuerza de trabajo; ser de modo voluntario o forzado –la mayor parte de las veces-, la tropa del ejército del Estado nacional que se estaba consolidando, dedicarse a la vida colectiva, ser apresado y obligado a trabajos forzados.

Estos expulsados del campo, los inmigrantes de origen europeo, el capital, los ferrocarriles, los distintos medios de comunicación, etc., contribuyen en mayor o en menor grado a un proceso de urbanización muy temprano. Surgen pequeños y medianos centros de producción, que aglutinan a una masa de trabajadores que comenzarán poco a poco a organizarse, primero en mutuales para la defensa de sus intereses más inmediatos, y luego a plantear cuestionamientos de índole socio-política: intentos de organización de los trabajadores tipolitográficos de Montevideo (1857 – 58); Sociedad Tipográfica Oriental (1870); la Biblioteca para Trabajadores (1872), éstas dos últimas mantiene relaciones internacionales con la sección mexicana de la Asociación Internacional de Trabajadores (A.I.T.). Otros trabajadores que se organizan son los albañiles, maestros de escuela, tapiceros, herreros.

Comienzan las primeras huelgas por mejores salarios, por mejores condiciones de trabajo, reconocimiento de su sindicato: Carpinteros de la Ribera (1876), Mineros de Cuñapirú (1880). Un hecho importante de esta época es la conmemoración del 1º de Mayo de 1890 en homenaje a los mártires de Chicago.

Una crisis económica de importancia provoca en el país recesión, con la secuela de despidos, rebajas salariales… que golpean y repliegan la actividad sindical. Hacia 1895 ésta recomienza nuevamente con la fundación de diferentes organizaciones de trabajadores de inspiración marxista y anarquista.

El comienzo de la lucha

En 1901 se reorganizan numerosos gremios que luchan principalmente por mejoras salariales y la reducción de la jornada laboral.

El año 1905 es sumamente importante para la historia del sindicalismo uruguayo: prácticamente en todas las industrias de Montevideo se organizan sindicatos; se desarrolla actividad sindical en el interior del país (Salto, Soriano, San José, entre otros); la Federación de Trabajadores del Puerto de Montevideo resuelve crear una Federación Nacional de Trabajadores: en el mes de agosto, en el Congreso Obrero Nacional se constituye la Federación Obrera Regional Uruguaya –FORU-, primera central de carácter nacional que tiende a la unidad de los trabajadores bajo los ideales anarquistas: “El Congreso aprobó el llamado pacto federal. En dicho pacto se consagraba el anarquismo como ideología del movimiento sindical…”

Entre 1905 y 1923 se desarrollan gran cantidad de huelgas que tienen como eje reivindicativo la reducción de la jornada de trabajo a 8 horas; muchos son los gremios que declaran la huelga: ferroviarios, portuarios, construcción, Municipio de Montevideo, tranviarios, etc. La respuesta de las autoridades es la persecución y la dura represión a los sindicalistas.

El inicio de una fase de expansión de las economías capitalistas industrializadas alentó en este período nuevos y más exigentes requerimientos de los consumidores europeos. En este contexto, se inscribe el ciclo pecuario exportador de Uruguay e implicó nuevas adecuaciones de los procesos productivos nacionales mediante un vigoroso empuje de la exportación de carnes congeladas y enfriadas a partir de la instalación de los frigoríficos. Se produjo un alza de precios de nuestros productos entre 1905-17 y también un mayor incremento de la demanda como resultado del desarrollo de la Primera Guerra Mundial (1914-1919).

Esta permite la reactivación económica del país desarrollándose los sectores que más directamente se relacionaban con el abastecimiento de los ejércitos en guerra. Después de duras luchas de los trabajadores, en 1915 se obtiene, mediante la aprobación de una ley, la reducción de la jornada laboral a 8 horas.

El modelo propiciado por José Batlle y Ordóñez (presidente entre los años 1903-07 y 1911-15, pero cuyas ideas se extienden más allá de su muerte acaecida en 1929), en lo que se denomina “el primer batllismo”, abarcó la nacionalización y la estatización de empresas, enfrentando al dominio británico aunque propició las inversiones de Estados Unidos, impulsó la industrialización e intentó la tecnificación y transformación de las estructuras agropecuarias promoviendo la agricultura, al tiempo que procuraba la atenuación de algunas injusticias sociales.

Este proyecto reformista representó una nueva correlación de fuerzas sociales y políticas entre las clases dominantes que tuvo como eje a las fracciones industrial y comercial vinculadas al mercado interno. Estas lograron el apoyo de ciertos sectores de las “capas medias” y de trabajadores, desplazando de la conducción política al gran capital agroexportador que, no obstante, continuó siendo dominante.

La política estatista y nacionalizadora impulsada por Batlle y Ordóñez desarrolló una importante infraestructura y monopolios en rubros fundamentales: crédito y seguro, energía, transporte y puertos; colocando al Estado como instrumento modernizador de la estructura del país. El creciente rol estatal se vio favorecido por la expansión ganadera de la cual captó importantes excedentes. El crecimiento de las funciones del Estado, los efectos del proteccionismo industrial promovido, conjuntamente con la acción redistributiva (legislación laboral y social) acrecentaron el mercado interno y fueron soportes del incipiente desarrollo manufacturero.

Varios son los proyectos de leyes de tipo social y laboral que se presentan en el Parlamento, por los distintos gobiernos y representantes nacionales, aunque no todos son aprobados como leyes:

1. Presidencia de José Batlle y Ordóñez 1903-07: proyecto de ley sobre disminución de la jornada laboral (no discutido en el Parlamento). Presidencia de Claudio Williman 1907-11: proyecto de ley sobre accidentes de trabajo (no aprobado).

2. Presidencia de José Batlle y Ordóñez 1911-15: proyecto de ley de jornada de 8 horas y reglamentación de trabajo de menores (aprobado en 1915 y reglamentado en 1916); proyecto de “empréstito de edificación para obreros” (no aprobado); declaración del 1° de Mayo como “Fiesta del Trabajo” (aprobado en 1916). Presidencia de Feliciano Viera 1915-19: proyecto de ley del trabajo nocturno (aprobado en 1918); proyecto que proporcionaba a cada funcionario un asiento para el desempeño de sus tareas “ley de la silla” (aprobado en 1918); proyecto de pensiones a la vejez e invalidez total (aprobado en 1919). Presidencia de Baltasar Brum 1919-23: ley de descanso semanal obligatorio, ley de indemnización por accidentes de trabajo (ambas aprobadas en 1920).

El Censo de 1908 dio un resultado de 1:042.000 habitantes de los cuales 392.400 constituían la población económicamente activa, que fue clasificada en 106.000 trabajadores del sector primario, 210.000 del secundario y terciario y 76.000 jornaleros.

Es indicativo de la expansión económica del período la evolución de la ocupación en manufacturas que en 1889 fue calculada en 22.292 trabajadores agrupados en 2.682 establecimientos; en 1908 había 30.135 obreros distribuidos en 2.345 empresas; mientras que en 1913 eran 42.358, en 1920 pasaron a unos 50.000 y finalmente en 1930 se estimaba en unos 77.500 obreros.

Es importante destacar que en 1908 el 95% del total de empresas ocupaban al 42% de los obreros y artesanos, mientras, que el 5% de los establecimientos al 58% de los trabajadores. Estos cambios cualitativos revelan las nuevas potencialidades que ofrecían a la organización y la lucha sindical estas formas desarrolladas de relaciones de trabajo.

A su vez, los funcionarios públicos que eran 19.000 en 1901 llegaron a ser 52.000 en 1932.

La primera posguerra acarreó para el Uruguay una dura crisis que provocó una aguda desocupación acentuada en los primeros años de la década del ’20: si tomamos el año 1918 como referencia tenemos para 1921 una desocupación del 260% siendo del 520% para 1922. En el marco de una rebaja de precios de exportación y de una retracción de la demanda de los mismos, Uruguay debió pagar la deuda externa –sobre todo con los Estados Unidos- arrojando fuertes déficits la balanza comercial y de pagos. Una nueva recuperación se produjo entre 1924-29, año este último, en el que los efectos de “la gran depresión” golpearon duramente a la economía uruguaya.

La Revolución Rusa de 1917 provocó una fuerte discusión en el seno del movimiento obrero uruguayo que tiene como consecuencia el desmembramiento de la unidad; junto a la FORU, en 1923 se funda otra central: Unión Sindical Uruguaya (USU), bajo la influencia del anarcosindicalismo –corriente anarquista distinta al anarquismo puro de principios de siglo- que mantenía un apoyo crítico a la Revolución Rusa y la presencia de militantes sindicales de origen comunista.

A pesar de los esfuerzos de individuos y sindicatos por recomponer la unidad, y ante un nuevo fracaso de las gestiones en dicho sentido, vemos aparecer en año 1929 otra nueva central sindical: Confederación General del Trabajo del Uruguay (CGTU); bajo el predominio de la tendencia comunista.

Ese mismo año se realiza en Montevideo el Congreso Sindical Mundial, donde participan delegados de América latina, EE.UU. y Francia; integran la Confederación Sindical Latino Americana (CSLA).La crisis financiera de 1929. La respuesta de loa trabajadores.

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